|
|
La majestuosidad y contundencia de los templos cercanos a la camboyana ciudad de Siem Reap darían para llenar líneas y líneas de un post, pero muchos yalo han hecho antes y existen innumerables ofertas en las librerías que describen su belleza y su historia. A mí lo que meimpactaron fueron los niños, los niños de Angkor, como representación de un casi infinito número de criaturas que sufren las dolencias de este país hoy tan amable pero pobre que es Camboya.
Quizá Mariajo haya vivido estode otra manera, que lleva el Sáhara en las venas, otro país con un conflicto todavía presente y cuya pobreza es aún más grave, pero para mí, Angkor, más que unos templos y la marca de cerveza nacional, es la mirada de un niño sonriente mal aseado intentando vender una pulsera, su pupila clavada en micabeza cargada del peso del pasado reciente de su país y de una existencia sin luz eléctrica ni agua corriente.
El 50% de la población camboyana tiene menos de 16 años, fruto ello de una existencia exenta deuna buena alimentación y de la muerte de gran parte de una generación en el genocidio bajo el régimen de Pol Pot.
Cuando paseas por los templos de Angkor, ingentes cantidades de niños se te acercan. Todos tienen entre 5 y 14 años y son enviados por sus madres porque su corta edad, entre otras cosas, hace quemuchos turistas aflojen dólares con más facilidad. Eso te hace dudar entre si es éticamente aconsejable dar dinero a estos niños o no. Primero, porque no puedes dar a todo el mundo e incontables niños se agolpan a tu alrededor vendiendotodo tipo de productos o simplemente suplicando una limosna. Segundo,porque siempre se te viene a la cabeza que esos niños puedan pertenecer a un grupo medio-organizado que les explota para conseguir dinero, los dólares que en raras ocasiones son para ellos. Uno no puede dejar de pensar en 'Slumdog Millionaire'. Lo mejor sería darles directamente la comida, pero nosotros nos quedamos directamente sin dólares, de tal manera que hasta tuvimos que pedirle prestado al conductor del tuk tuk y luego sacar de un cajero para pagarle. Al terminar el día se me vinieron a la cabeza conceptos como el de explotación de niños o historias como la de que existen, no lejos de Pnhom Penh, auténticos poblados temáticos del sexo de pago en los que el pederasta más sibarita puede encontrar cualquier presa que busque. Hay padres camboyanos que venden a sus hijos para poder comprarse unciclomotor.
"Hello,how are you? Would you like to buy? Four for one dollar". (Los niños españoles a su edad no pronuncian una palabra de inglés, salvo que sus padres le hayan pagado un colegio bilingüe)...Les preguntábamos que cual era su nombre. La respuesta era Na, Dig, Ban, etc. y su siguiente frase era preguntarte de dónde eras. Cuando les decíamos que éramos españoles,algunos de ellos te decían algunas palabras en español.E incluso te lanzaban un reto. Si eran capaces de de decir quién era el presidente de nuestro país les teníamos que comprar. Pobre ZP, si supiera que utilizan su nombre con fines mercantiles. Y lo peor venia cuando me preguntaban mi nombre. Al parecer, Luis en camboyano quiere decir 'dinero', con lo cual, para ellos, yo era Mister Money o, en cristiano, el Tío Gilito.
Son niños y niñas guapos y despliegan inteligencia en cada uno de sus comentarios. Te ofrecían miles de alternativas cuando les jurabas que se te habían acabado los dólares. Siempre se interesan por conocer cosas de tu país y, los que no tienen espíritu comercial, le dicen hello a todo el que vean con pinta de occidental mostrando su estremedora sonrisa. Por supuesto, no todos los niños camboyanos se dedican a pedirle dinero a los turistas.
.
El segundo día, decidimos alquilar una bicicleta y recorrer los alrededores de Angkor, pero sinintroducirnos en la zona turística, por lo que fuimos a lugares solamente transitados por locales. De repente, aparecimos enun pequeño poblado en el que nadie quería vendernos nada. Vivían sin luz y con una pequeña bomba de agua que les servía para lavarse. Nos recibió Lin, un veinteañero que chapurreaba inglés. Inmediatamente, se agolparon a nuestro alrededor una decena de níños del poblado, algunos adolescentes incluidos. Lin nos explicó que él era el profesor de inglés de la aldea y nos señaló una choza elemental que no era sino la escuela. En aquel lugar vivíanunas veinte familias y cada una tenía, como mínimo,tres hijos. Uno de los padres, tuktukero de profesión, nos explicó que en Camboya no había gente mayor de cuarenta años porque hacen crecer la comida (el arroz) con unos aditivos químicos que acortan la vida. Una teoría como otra cualquiera. Él tenía 33 años y ya se sentíaun viejo. Todo esto ocurría a sólo unos cientos demetros de un lugar llamado Angkor, donde la entrada cada díacuesta 20 dólares y miles de turistas del primer mundo,incluido el que escribe esto, llevan colgadas cámaras del cuello con las que se podría pagar la comida de un mes de todo un poblado. Escribo estas líneas sentado en un chiringuito a pocos metros del mar de Andamán, en un playa paradisiaca al sur de Tailandia. Dentro de poco nosotros volveremos a una Europa encrisis sin fecha de caducidad concreta, pero dándonos cuentamás que nunca de que esta parte del planeta, especialmente los niños, vive en una crisis permanente.
Categories: None
The words you entered did not match the given text. Please try again.


Oops!
Oops, you forgot something.